The Hypocrite Walrus

Thursday, September 06, 2007

Breve relato de una noche de verano

Cuando te conocí, llevabas unos pantalones camuflados -éste cruel estilo Hip Hop- yo pensé, pantalones militares, en fin, eso fue justo antes de ver esas contorneadas piernas que escondías debajo, y supe que entraríamos en guerra, yo con mi retórica y vos con tu par de piernas.

La tímida noche evolucionó a un monstruo hiperactivo y escandaloso. El alcohol derritió las capas de tu supuesta indiferencia. Creo que te inspiré confianza, es un defecto mío, me suele pasar. Eras una máquina de escupir vanalidades y detalles irrrelevantes de historias nada interesantes.
Tu gusto era tan amplio, y tu mente tan abierta. Eso, o no quisiste discrepar conmigo en nada, y tal vez era porque tratabas de agradarme. Tuve que acceder a tu juego. Esa no era tu aura, era tu ternura alrededor tuyo. Accedí, o me tiré como en un clavado digno de una medalla de oro.

Y no podía evitar mirarte. Eras tan linda. No puedo decir que mis cinco sentidos estaban pendientes a tus movimientos. Dejé de prestarle atención a tu labia cuando empezó a volverse torpe. Y lo peor es que tu torpeza etílica al tratar de articular palabras de uso diario, me parecía sumamente atractiva.

Me enseñaste la increíble flexibilidad de esas tus piernas. Te sostuve en tus varios extraños pasos mientras bailamos. Lo que perdías en equilibrio, lo ganabas y lo emanabas en sensualidad.

Te ayudé a bajar las escaleras. Limpié con mi camisa nueva el rimel que se corrió de tus pestañas. Te quedaste dormida sobre mi rodilla derecha.

Mientras yo seguí tomando.

Cuando mis manos se posan en tu cintura
son como dos piezas de Lego
salidas de una línea de producción industrial
con precisión milimétrica
de labor de ingeniería

Pero ese plástico caliente
Inyectado sobre el frío molde de metal
Tienen terminales de algo más,
tienen raíces en lo más profundo
de mí

de mi alma, que llega así hasta vos

Conmigo no necesitas un diccionario
ni una brújula, ni un almanaque de recuerdos
para que no te pierdas, yo te doy mis manos
para que me entiendas, yo te doy mis labios
y para que siempre puedas sonreír, yo tengo
una envidiable capacidad de improvisación