The Hypocrite Walrus

Tuesday, November 27, 2007

On going nowhere at all until you find you're already where you want to be.

It was a boring conversation, even before she asked to me: "Why does diversity exist?".
And I mean, I have a pretty defined philosophy on diversity, and every other issue, but I just answered: "Because it just so happens that it does not not exist. You know, chances are always fifty-fifty."

It was just as unexpected as an useless answer for her. But what can I say, my point is that there is no point talking about it.

So, we stood still and quiet there for a while.
Me, not wanting to talk my way through it.
And she, wondering why I wouldn't say a word on it.

And then it hit me like a fucking thunder.
Or a cool sea breeze kissing my cheeks.
Our difference...
That's a piece of beautiful diversity.
Just like our love making.

She noticed my glance.
So she stopped making the eye on me.
And gave me a warm smile.
Then I smiled back.

Monday, November 19, 2007

Solo junto a todos

La carne cubre al hueso
Y ponen una mente ahí dentro
y a veces un alma

Y las mujeres
rompen jarrones
contra las paredes

Y los hombres beben
demasiado

Y nadie encuentra
al otro

Pero siguen buscando
arrastrándose
de cama en cama

La carne cubre al hueso
y la carne
busca algo más que sólo carne

Todos estamos atrapados
por un destino singular

Nadie encuentra al otro

Las cloacas se llenan
Los vertederos se llenan
Los hospitales se llenan
Los manicomios se llenan

Nada más se llena

Déjate envolver

Ya sea paz o felicidad
deja que te envuelva

Cuando era joven
sentía que estas cosas eran
tontas, poco sofisticadas.
Tenía mala sangre, una mente
perversa, una precaria
infancia.

Yo era duro como el granito,
miraba de reojo al
sol.
No confiaba en ningún hombre y
especialmente
en ninguna mujer.

Vivía el infierno en
pequeñas habitaciones,
rompía cosas, reventaba cosas,
caminaba sobre vidrio,
maldecía.
Desafiaba a todo,
contínuamente
me desalojaban, me encarcelaban
me metía y salía de peleas,
estaba dentro y fuera
de mí.
Las mujeres eran algo
para coger,
a qué gritar,
no tenía amigos varones,

cambiaba de trabajos y
ciudades, odiaba los días festivos,
los bebés, la historia,
los periódicos, los museos,
las abuelas,
el matrimonio, el cine,
las arañas, los recolectores de basura,
los acentos británicos, España,
Francia, Italia, las nueces y
el color
naranja.
La álgebra me irritaba,
la ópera me enfermaba,
Charlie Chaplin era un
farsante
y las flores eran para
maricas.

La paz y la felicidad para mí
eran signos de
inferioridad,
inquilinos de las mentes
débiles
y
confundidas.

Pero mientras continuaba con
mis peleas de callejón,
mis años suicidas,
mi pasada sobre
un número cualquiera
de mujeres -gradualmente
se me fue ocurriendo
que yo no era diferente

a los demás,
yo era igual.

Todos ellos estaban llenos
de odio,
bloqueados por pequeños
problemas,
los hombres con quienes peleaba
en los callejones tenían corazones de piedra.
Todos se codeaban,
avanzaban a pasitos, engañaban
para conseguir una ventaja
insignificante,
la mentira era
el arma y el
argumento estaba
vacío,
la oscuridad
era la que dictaba.

Cautelosamente, me permití
sentirme bien
ciertas veces.
Encontré momentos de
paz en habitaciones
baratas
tan sólo mirando
las manijas de
un ropero
mientras escuchaba
la lluvia en
la oscuridad.
Mientras menos necesitaba
mejor me
sentía.

Tal vez la otra vida me había
desgastado.
Ya no me parecía
glamuroso
superar a alguien
en alguna conversación.
O montar
el cuerpo de alguna pobre
mujer ebria
cuya vida
se había perdido
en la tristeza.

No podía aceptar
la vida como era,
no podía tragar
todos sus
venenos
pero habían partes
pequeñas partes mágicas
dispuestas para mí.

Me reformulé
no sé cuándo,
fecha, hora, todo
eso
pero el cambio
ocurrió
algo en mí
se relajó, se
suavizó.
Ya no tenía
que probar que era
un hombre,

no tenía que
probar nada.

Comencé a ver las cosas:
tazas de café alineadas
detrás del mostrador
en una cafetería.

O un perro caminando
en la vereda.
O la forma en la que el ratón
sobre mi ropero
paraba ahí
cuando su cuerpo,
sus orejas,
su nariz,
todo quedaba fijo,
un trozo de vida
atrapado dentro suyo
y sus ojos
mirándome
y eran
hermosos.
Luego- ya se
había ido.

Comencé a sentirme bien
comencé a sentirme bien
en las peores situaciones
y habían muchas
de ésas.
Por ejemplo, el jefe
detrás de su escritorio,
va a tener que
despedirme.

Me ausenté
demasiados días.
Él está vestido
de traje, corbata, anteojos,
él dice, “Voy a tener
que dejarte ir”

“Está bien”
le digo.

Él debe hacer lo que
él debe hacer, él tiene
una esposa, una casa, hijos.
Gastos, y muy probablemente
una novia.

Lamento por él
que esté atrapado.

Salgo a caminar
al sol ardiente.
Todo el día es
mío
temporalmente
al menos.

(el mundo entero está
sobre el cuello de todo el mundo,
todos están enojados,
se sienten estafados, engañados,
todos están desanimados,
desilusionados)

Les di la bienvenida
a los golpes de
paz, curuvicas de
felicidad.

Abracé todo eso
como a mi número de la suerte
como a los tacones altos, pechos,
al canto, a los
trabajos.

(no me malentiendan,
existe el optimismo ridículo
que pasa por alto todos
los problemas básicos tan sólo
por el bien
de sí mismo-
esto es un escudo y una
enfermedad.)

El cuchillo se acercó
a mi garganta de nuevo,
estuve a apunto de encender el
gas
de nuevo
pero cuando los buenos
momentos llegaron
de nuevo
no les di pelea
como un adversario
del callejón.
Les dejé tomarme.

Gocé con ellos,
Les di la bienvenida a
casa.
Inclusive hubo veces
en que me miraba
al espejo
y pensaba que
era feo,
ahora me gustaba
lo que veía, casi
apuesto, sí,
un poco rasgado y
desigual,
cicatrices, bultos,
arrugas,
pero a pesar de todo,
no muy mal,
casi apuesto,
al menos mejor que
unos de esos rostros
de estrellas de cine
como los cachetes de
la cola
de un bebé.

Y finalmente descubrí
sentimientos reales
de los demás,
espontáneos,
como últimamente,
como esta mañana,
mientras salía
para el hipódromo,
vi a mi esposa en la cama,
sólo la
silueta de
su cabeza ahí
(sin olvidar
siglos de los vivos
y de los muertos y
los moribundos,
las pirámides,
Mozart muerto
pero su música todavía
allí en la
habitación, hierbas creciendo,
la Tierra girando,
la tabla de las apuestas esperando
por mí).
Vi la silueta de la
cabeza de mi esposa,
ella tan quieta,
yo añoraba su vida
simplemente estando ahí
bajo las
sábanas.

La besé en la
frente,
bajé las escaleras,
salí afuera,
subí a mi maravilloso
auto,
me puse los cinturones de seguridad,
retrocedí por el garaje.
Sintiendo calor
desde la punta de los dedos,
hasta mi
pie sobre el pedal
del acelerador,
Entré al mundo
una vez
más,
manejando
descendí por
la colina
pasé las casas
llenas y vacías
de
gente,
vi al cartero,
lo bociné,
y él
me devolvió
el saludo.

Monday, November 05, 2007

I met a woman (vers. post. 2)

I met a woman
a year ago
now

Let’s say she
met me

She
did the approaching
I
just followed
willingly

We ended up seeing each other
everyday since
She was with someone
I wasn’t with her
but I wasn’t alone either

And she told me about
her former lovers
She’d only fuck someone she loved
But the thing is
that she loved too many
in such a short time
At least she thought she did
then

Now, her broken heart
is so fucked up
that it isn’t
capable of loving
anymore

She has confused
so many times
love
with sex
in disguise,
her tears told me

She was pretty interesting
and all the pricks before me
didn’t know that
Either that,
or maybe I
just took the time

Maybe
many of those cocks
won’t ever forget that
piece of ass
of hers
What an ass

And her mouth
Such thin lips
I couldn’t start describing her

But it was worth
the sensation

In the end
She is just as flesh
as
any other woman

flesh
woman
flesh
woman
lips
kiss

But they
are not
here

I am here
now

For now

She cries
because she can’t love me
like I do
And as the night progresses
We keep drinking
and then we make love
and she cries again

I make a toast
to myself
to the fact that
I can’t still forget her

I raise a glass
and drink
to
the forgotten

I tell her it’s alright
because
just as she starts
loving me,
I’ll be gone

Friday, November 02, 2007

10 cosas que quisiera dejar de odiar de ti

Me rendí.


Nada de la vuelta, ni del perro arrepentido, ni del rabo entre las piernas. Más bien, sólo el perro cansado, y nada más.

No es tu necesidad de elevar a la décima potencia cada pequeño drama de la vida cotidiana para convertirlo en la octava tragedia del mundo moderno, no. Tampoco es tu capacidad de enervar hasta las fibras más microscópicas de mi cuerpo entero con una sola mirada cargada de recuerdos pasados no agradables.

No es tu necesidad de constante elevación de autoestima, cuando el autoestima tuya no es ya autoelevada, y sobreelevada, a la vez.

Ni es tu falta de ojo crítico para analizar con calma y serenidad la serie de sucesos que convierten un día normal en uno muy malo.

No son tampoco tus injustificados ataques de histeria, que se convierten en un santiamén en histeria colectiva. Y ni se te ocurra que es tu risa escandalosa con breves lapsos de reminiscencias porcinas.

Ni siquiera es tu odiosa costumbre de tratar de hacer girar en tu entorno cualquier conversación habida o por haber, sobre cualquier tema, en demérito a un buen ambiente general.

No es porque no tengas sentido del humor. Y tenés que saber ya por ahora que mi ironía es para entretenimiento mío, no tuyo.

Y no es tu absoluta ausencia de sentido común, o de tacto, o sutileza. Ni es tu imposibilidad de dejar durmiendo esa bestia primitiva que llevás guardada dentro tuyo en un frasco demasiado frágil para contenerlo siempre, o para contenerlo alguna vez y no dejarlo salir jamás.

Dicho todo esto... No sos vos. Soy yo.

El desvío de Kansas

Y me preguntás con una temible serenidad: "¿Por qué vos y yo nunca pudo ser?"- yo, pasando por alto las obvias faltas de concordancia gramaticales, me tomo un momento para pensar en una respuesta adecuada, que no te aleje ni te acerque. Una respuesta equidistante de tu duda y de la realidad.

Y me encontraste ahí, en ese silencio que produce mi búsqueda de una solución pacífica y diplomática de un conflicto, yo sentado en un auditorio de la ONU, en el banquillo de los acusados. Un pequeño tercermundista cagado tratando de dar una excusa creíble a las grandes potencias.

En esos breves tres segundos, aprovechaste mi extrovertida impotencia y recargaste municiones y disparaste de nuevo: "¿Por qué cada vez que nos vemos, el amor eterno se asoma para luego irse tan rápido como vino?"

¿Vino?- dijiste vino, me gustaría una copa de tinto ahora mismo. Y ahí se me fueron mis segundos tres segundos. Aunque tuve tiempo también para tener un pequeño deja vú, de nosotros esa tarde, de nosotros dos y el pasto, y sobre el pasto, yo cantándote mi favorita de los Beatles con una guitarra prestada. Y pensé por qué hice eso, si no estaba dispuesto a seguir con el juego que estaba comenzando.
Está de más decir que en el momento no lo sabía, la sabiduría es un chiste de humor retrospectivo...
Así que no me reí...

Vaciaste tu arma sobre mí, al ver que yacía en el suelo derrotado, y muy cerca vos de subir al podio por lo menos una vez, para mirarme de reojo con esa tu mirada arrogante desde arriba... El sólo hecho de imaginarte con ese semblante frío e indiferente, me convirtió en un Ave Fénix de mierda, diabólico, iracundo, tomando impulso para un resucitado vuelo desquiciado y colérico, sacudiendo las cenizas de sus alas con cada aleteo:

"Es que esto es como un cuentagotas. Te quiero así, y si te quiero de este modo, nunca se llena ni se seca el recipiente. Así, te quiero siempre.”

Y eso hizo ganarme un beso para nada despreciable.

Pudo haber terminado peor.